Tengo que confesar que he  caido en esta ola de  consumismo corporal. Me he mirado en el espejo, he mirado mi billetera y finalmente decidi empezar un tratamiento de vida o muerte contra la celulitis.

Dudé mucho al principio, soy una persona que desde hace algunos años hago actividad física  pero, como toda mujer, no estoy completamente satisfecha con mi reflejo en el espejo. La duda era sobre la necesidad real de gastar tanto dinero para algo tan superficial, pero como dije al principio caí en el consumismo. Fue más bien un impulso lo que me llevó a contratar el servicio. Ese día me dirigí a la recepción para cambiar el día en que suelo ir al circuito aeróbico (porque donde voy a hacer gimnasia es donde hago este tratamiento) y de paso pregunté sobre el tratamiento y de paso me anoté para hacer una cita de consulta.

El día de la consulta, más allá del pudor de quedar en ropa interior ante una desconocida, me sentía intimidada porque justamente iba a evaluar aquello que nos matamos en ocultar con la mejor ropa o la luz tenue en la intimidad con alguien.

Una vez  despojada de mi vestimenta, observo la seriedad de la mujer mientras examinaba mi cuerpo.

Pensé por dentro que me iba a decir que necesitaba un año de tratamiento y no 8 sesiones de promocion jeje.

Finalmente se paró y me dijo que apenas tenia un poco de celulitis. Que se notaba el ejercicio que estaba haciendo porque no tenia nada de flacidez y eso iba a ayudar a que el tratamiento se hiciera más rápido, viéndose los resultados más rápidos también.

Es increíble cómo una desconocida puede alegrarte el día con solo decir que tenés linda cola.

Estuve contenta varios días hasta que  me encontré con mi cavernícola. O si quieren decirlo mas apropiadamente, con mi pareja. Desde que mi hermana tuvo una salida con un chico que no tiene muy incorporada la caballerosidad, por cuyo motivo perdió su nombre adquiriendo la mención de "el cavernicola", cada vez que mi pareja se manda alguna es denominado de esa manera tambien je.

La noche transcurría de una manera especial. Me regaló unas rosas amarillas porque cumplíamos un año. Atento como siempre y con esa dulzura, que intenta controlar y que por suerte no le sale, todo era risas y mimos.

Para ser honesta, no quería contarle sobre el tratamiento. Quería que sea un "secreto de belleza", pero cual testigo falso me hizo pisar el palito. La conversación me llevó a decirlo sin que pudiera percatarme. mi lengua iba más rapido que mi cerebro pero bueno, no era nada malo tampoco.

Mi relato sobre la primera consulta terminó con un "la chica me dijo que tengo una buena cola y eso me puso contenta" y una risa de cierre.

Y él, en su sinceridad mas brutal me dice: salvo por el exceso tenes una cola de lujo", cerrando su frase con unas palmaditas en la cola.

Quedé perpleja, sin saber como reaccionar. Por un lado me hacia un halago pero por otro me hacia un reclamo. Porque, siendo sincera, no tengo mi peso ideal. Lógica y sanamente ideal.

Asi que solo lo mire con mi mejor cara de aversión y me repite "es verdad, si no fuera por el exceso tu cola seria perfecta. Tu esfuerzo en los ultimos meses se nota y mucho"

Otra vez la ambiguedad. Por el bien del festejo y para pasar realmente el año de estar juntos no seguí la conversacion.

¿Pero puede ser que los hombres no puedan hacer un halago como corresponde?. Perdón, no voy a generalizar, ¿puede ser que este cavernicola no sepa hacer un halago como corresponde despues de una mirada de advertencia? ¿Acaso es suicida tambien, que no se dió cuenta que estaba por acogotarlo?.... no suelo darle importancia a esas cosas, pero en ese preciso momento me sulfuré.

Fue como si el espejo del baño me sorprendiera. Ese reflejo que capta tu vista cuando salis de ducharte una vez terminado el invierno. Te avisa que comiste de mas y queres romperlo. Al tiempo te amigas y no le das importancia, total el lunes empieza la dieta.