Es una bella mañana, exactamente son las 9:05 en este instante y no he dormido aun por lo cual técnicamente sigo viviendo el día de ayer. Acabo de ver una película de Jennifer Anniston "love happens" que trata básicamente de cómo superar la pérdida de un ser querido. Para mí son de esas cosas que suceden en el momento preciso por alguna razón que desconocemos logrando hacernos reflexionar, esos detalles que explotan en la cara de uno.
La verdad, esa verdad que no he mencionado nunca porque me he llamado al silencio. Es una de las razones por la cual digo que me siento vacía... se me fueron las palabras, no pronuncio mucho desde ese día.
Creía que no había mucho por decir porque el dolor que puedo sentir está implícito en la frase "mama murió". Y la verdad que no está implícito. He viajado varias veces desde aquel día, he mantenido la mente ocupada saliendo con amigos. Justamente hice lo contrario a regocijarme en el dolor. He dejado de pensar.
Ahí es donde estalla la verdad de una manera simple. Así como cada uno se despierta cada día dándose cuenta que ya es de mañana es como vivo la frase que mencioné. Simplemente aparece porque tiene que aparecer.
Desde que ella se enteró de su enfermedad se dedicó mucho a viajar con mi papá (tres años duró esta situación), lo que me lleva a creer que está de viaje y pronto regresa. La etapa de la negación. No pasa nada, es una ausencia normal.
Hasta que algo sucede, lo mas mínimo, encontrar la serie de televisión que mirábamos juntas y pensar que se está perdiendo una buena trama. Ahí me doy cuenta que mañana ella no va a estar para contarle como fue el capitulo que no vio. Cae una lágrima, sacudo mi cabeza y sonrío porque al fin y al cabo un minuto de tristeza es un minuto menos de felicidad.
No me duele seguir viendo sus fotos o videos para que no se me olvide su voz. No me duele que salga en una conversación de la manera natural que nos sale a todos. No me duele estar en la casa recordando cada tanto alguna cosa que hizo en algún rincón.
Lo que sí me pianta el lagrimón es cuando me sorprende la mente recordando algún momento en que la he llorado desconsoladamente. Hasta me alcanzan los dedos de las manos para contar esas veces. Sé firmemente que ella no quería que estuviera así, además al fin y al cabo dejé de lado un poco mi vida para dedicársela a ella dándome recuerdos maravillosos. No me arrepiento, tome la decisión correcta mirándolo ahora. Por eso no siento todo el tiempo ese dolor.
Pero cuando el dolor llega sin avisar y casi cacheteándome, me falta el aire casi me obligo a dar la próxima respiración.... Me abalanzo sobre la computadora y empiezo a escribir, pueden llegar a ser cosas desgarradoras por las cuales la gente puede pensar que vivo inmersa en el dolor.
Pero sinceramente no es así, estoy en esa etapa en donde necesito estar sola para que nadie me pregunte nada y yo no tenga que decir la verdad. Así es como viajo frecuentemente quedándome unos días que no llegan a una semana en cada lugar a donde voy, en los cuales antes no me iba hasta pasada la semana.
Lo que está implícito aun no lo he dicho. La verdad, esa verdad que me estalla en la cara y no puedo poner en palabras de la boca para afuera es: Estoy triste. Ni siquiera ahora lo hago porque las que hablan son mis manos